Ganar menos no solo afecta lo que entra a tu cuenta cada mes, también puede determinar cuánto puedes ahorrar, invertir, proteger y acumular para el futuro.
En el marco del Día Internacional de la Igualdad Salarial que se conmemora cada 18 de septiembre para visibilizar la brecha de género en el ámbito laboral, hablar de brecha salarial suele llevarnos a una cifra: cuánto menos gana una mujer frente a un hombre.
Pero quizá estamos mirando solamente una parte del problema, porque el verdadero costo de ganar menos no termina el día de pago, se acumula y se convierte en menor capacidad de ahorro, menos dinero invertido, menor patrimonio y, eventualmente, menos recursos para enfrentar el retiro.
En México, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) estima que en 2025 la brecha salarial fue de alrededor de 13%, es decir, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer gana aproximadamente 87 y la cifra representa una reducción importante frente a décadas anteriores, pero la brecha todavía existe.
Y hay que hacer una precisión importante, porque hablar de brecha salarial no es exactamente lo mismo que hablar de brecha de ingreso, La ENIGH (Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares) 2024, por ejemplo, encontró una diferencia de 34% en el ingreso monetario promedio entre hombres y mujeres, son mediciones distintas y responden preguntas diferentes.
Ambas resultados apuntan hacia una misma realidad, se trata de algo claro, las condiciones económicas de hombres y mujeres siguen siendo diferentes y el problema comienza mucho antes del retiro.
Imaginemos a dos personas que empiezan a trabajar a los 30 años, una gana $40,000 mensuales y la otra gana $35,000, la diferencia mensual es de $5,000, un dato que parece manejable, pero si esa diferencia se mantiene durante años, deja de ser una pequeña cantidad mensual y se convierte en una diferencia acumulada de ingresos.
Y aquí aparece el tema: qué habría pasado si ese dinero hubiera podido convertirse en patrimonio. Porque $5,000 que no llegan a tu cuenta no solamente son $5,000 que no puedes gastar, también pueden ser $5,000 que no puedes ahorrar, que no puedes invertir, que no pueden generar rendimientos, que no pueden ayudarte a construir un fondo para una emergencia.
Ahí es donde la brecha salarial empieza a convertirse en brecha patrimonial y el efecto también llega al retiro.
Este punto es particularmente importante para las mujeres, la desigualdad laboral no desaparece cuando termina la vida profesional, puede llegar hasta el retiro.
La CONSAR (Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro) ha señalado que los menores ingresos salariales, una menor densidad de cotización y las interrupciones de las trayectorias laborales asociadas, entre otros factores, afectan la acumulación de ahorro para el retiro de las mujeres.
Además, las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, por lo que sus recursos deben financiar potencialmente más años, es decir, ganar menos hoy puede significar tener menos patrimonio mañana. Y eso cambia por completo la conversación.
Entonces el retiro de una mujer no debería comenzar a planearse cuando tiene 60 años, debería comenzar a construirse desde el primer momento en que tiene ingresos, y no solo hablo de las mujeres, sino de todas las personas, pero hay otra brecha de la que hablamos menos, la del tiempo.
En México, las mujeres realizan una proporción mucho mayor del trabajo no remunerado, el IMCO señala que 73% del trabajo no remunerado del país lo realizan mujeres y que ellas tienen una participación laboral menor que los hombres.
Ahora bien, las mujeres se enfrentan a cuidar a los hijos, cuidar a los padres, resolver la logística de la familia, interrumpir una carrera profesional, trabajar menos horas, aceptar empleos con mayor flexibilidad aunque tengan menor remuneración y todo eso también tiene un costo financiero y muchas veces este coste financiero no aparece en ningún recibo de nómina.
Entonces, qué hacemos mientras la brecha no desaparece, aquí es donde la conversación tiene que dejar de ser solamente una denuncia y convertirse también en una conversación sobre decisiones cruciales.
No porque las mujeres sean responsables de corregir una desigualdad estructural, no lo son, pero sí pueden tomar decisiones para fortalecer su posición financiera.
Primero hay que conocer cuánto vales profesionalmente, negociar el salario no debería ser un acto excepcional. Conocer los rangos salariales de tu industria, documentar tus resultados y revisar periódicamente tu compensación también forma parte de tu estrategia patrimonial
El segundo punto sería construir patrimonio propio, tener ingresos no es lo mismo que tener patrimonio y una parte de lo que ganas necesita convertirse, con el tiempo, en activos, ahorro e inversiones que trabajen para ti
El tercer punto es no dejar el retiro para después. El tiempo es uno de los activos financieros más poderosos. Una mujer que comienza a construir su retiro a los 30 años está jugando un partido financiero muy diferente al de quien empieza a los 50.
El cuarto punto es proteger la capacidad de generar ingresos, porque tu patrimonio no empieza con una cuenta de inversión, empieza con tu capacidad de producir ingresos.
Por eso la protección financiera también forma parte de la construcción patrimonial.
Y el quinto, no confundir independencia económica con tener un buen sueldo, la verdadera independencia comienza cuando una parte de lo que ganas se transforma en patrimonio que te permite tomar decisiones con mayor libertad.
La conversación que necesitamos tener
Cerrar la brecha salarial requiere cambios en las empresas, en las políticas públicas, en las condiciones laborales y en la distribución de los cuidados. El IMCO, por ejemplo, plantea medidas como mayor transparencia salarial, tabuladores, auditorías salariales y políticas de cuidado.
Pero mientras esa transformación ocurre, también necesitamos hablar de algo que suele quedar fuera de la conversación: el patrimonio de las mujeres.
Todos preguntamos ¿cuánto menos gana una mujer?, pero la crítica deberá estar en cuestionarnos cuánto patrimonio deja de construir durante toda una vida cuando gana menos, y la brecha salarial se mide en porcentajes.
La brecha patrimonial se mide en oportunidades que no tuviste, inversiones que no hiciste, protección que no compraste y años de libertad que quizá tendrás que seguir trabajando para financiar.
Por eso, cuando hablamos de igualdad económica, no deberíamos mirar únicamente el salario, también deberíamos mirar el patrimonio que ese salario permite construir.
Porque una mujer no necesita solamente ganar más, necesita que una mayor parte de lo que gana se convierta en patrimonio, protección y años de libertad.






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