En marzo, los mexicanos suben al escenario. Una obra de teatro que invita a la participación del público para reflexionar sobre la historia mexicana y la libertad nacional que ha marcado el discurso patrio. La nueva temporada de “$e acabó el maíz", en la sala Julián Carrillo de Radio UNAM, resuena este martes en la colonia Del Valle de la Ciudad de México, en Adolfo Prieto 133.
La primera función empezó a las 20:00. El evento, no obstante, lo hizo tres horas antes, con la llegada de un público singular:
-Fue toda una experiencia, presenciar todo el montaje que se tiene que hacer para la obra. Yo pensaba que los ensayos eran sólo de los actores-, dio testimonio un estudiante.
-Esto me va a ayudar muchísimo para mi área, que es Producción Audiovisual-, había declarado su compañera, estudiante de Ciencias de la Comunicación.
Por parte del Taller de Teatro y Actuación, alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México fueron invitados a participar en el trabajo técnico de cabina y piso, con el director de la obra y la actriz protagónica respectivamente.
Siendo el director escénico, lumínico y como profesor del taller, Mauricio Garmona deseó unir el reestreno de la obra con un montaje-clase, invitando a sus alumnos a formar parte del apoyo en la utilería, el vestuario, la iluminación y el sonido que el resto del público presenciaría.
-Teniendo alumnos interesados en incursionar en el teatro, me pareció interesante invitarlos a vivir la experiencia desde el montaje y comprender su importancia para la realización de una función-, declaró en entrevista.
No imaginaron el trabajo que implicaba. Desde las 19:30, se integró el resto del público. Los alumnos verían el resultado junto al público habitual de la sala Julián Carrillo, que ocupó las butacas de forma libre en los albores de la tercera llamada. Después, luces a oscuro. Tal y como había hecho desde el siglo XIX, la muñeca Lorelu se hizo presente. Personaje principal de la obra, su vestido rojo y antifaz eran el fuerte de su caracterización; obra de la diseñadora Aiko Monobe, relucía bajo las primeras luces ámbar.
-El presente se parece al pasado-, meditaba Lorelu, además, bajo el recuerdo de las orgullosas tradiciones nacionales. Honores a la bandera “para avivar en el pueblo mexicano el profundo sentimiento patrio”, había pronunciado Lázaro Cárdenas en 1940. Y Lorelu no temió manifestar su queja antes de replicar cocinando, ante una ominosa olla, la realidad mexicana.
Miseria, violencia e injusticia para la receta de una nación desgastada. Lorelu usó ingredientes tan familiares como desconcertantes que no alejaron al público. Por el contrario. Más adelante en la obra, Lorelu repartió banderas para el mismo e invitó a jóvenes espectadores a subir con ella, para compartir su espacio en escena y alzar la voz en nombre del pueblo mexicano. Lorelu cedía el micrófono para, posteriormente, reafirmar y consignar lo que la gente quería.
-¡Que se acabe la desaparición forzada! ¡Que se acabe la desaparición forzada!-, Agitaba las manos, incitando al pregón del auditorio-. ¡Que ya no agarren a más personas! ¡Que ya no agarren a más personas!-. Eventualmente, el público correspondió con rítmicos aplausos y siguiendo la letra.
Tres ciudadanos mexicanos en escena regresaron a sus asientos. Las luces cambiaron a verde, y Lorelu puntualizó la violencia de género cantando La cosecha de mujeres, del grupo musical “Los Wawancó”. El cuarto ciudadano aseaba la escena, portando un mandil con la leyenda “No soy un mandilón. Soy un adulto funcional”. El resto del público, desde sus asientos, permanecía cautivo ante la canción.
-Se acaba la papa, se acaba el maíz-, Aplausos rítmicos-. Se acaba el dinero, se acaban los quereres. ¡La cosecha de mujeres nunca se acaba!
-¡Nunca se acaba!-, respaldaba el público.
El recuerdo de la colonia, una infructuosa revolución y desastres comerciales sacudieron el espíritu de Lorelu, como lo hizo la perpetuidad de los mismos. Y aún así, a través de nuevas luces azules y un vistazo más cercano, ella dejó un nuevo rayo de esperanza, que recitó ante un público que se mantuvo atento hasta el fin. En el último oscuro, los aplausos fueron el último eco.
Al finalizar la obra, las luces volvieron. Luz Sandoval, creadora escénica, de escenofonía, autora del texto y la actriz tras Lorelu, reconoció la dirección de Mauricio Garmona y aplaudió a aquellos referidos como el corazón del teatro:
-Muchísimas gracias a los compañeros de cabina y un aplauso para ustedes, público. Si les gustó, pueden venir todos los martes de marzo a las 20:00 hrs. ¡Y si de plano les aburrió, inviten a sus enemigos a que se aburran un ratito!
Pero el último acto del evento fue, una vez más, articulado por los espectadores. Al salir Luz, los alumnos se reunieron con el resto del público para, juntos, destacar sus impresiones acerca del resultado:
-El punto ante la cuestión histórica es claro, que es sobre todo la política en que se ha construido el país a partir de extraccionismos, colonialismos. Son un tema muy, muy latente y que me parece importante que se siga difundiendo en el teatro—declaró una alumna.
-Bastante buena la crítica. Muy ad hoc a lo que se está viviendo y siento que es cíclico, pasar de las épocas y diferentes décadas pero seguir inmersos en lo mismo-, declaró Jorge.
-Me dio tristeza ver la realidad de nuestro país. Estamos en otras actividades y no
volteamos a ver todo lo que pasa. La vida cotidiana nos lleva—La mujer en la primera fila también compartió su pensar-. Y es bueno escucharlo de una mujer, sobre todo ante las épocas que menciona la obra, como la revolución y todo eso, en las que siempre fuimos relegadas. Me dio mucho gusto verla.
La función representó el reestreno de una obra que había sido postergada en fechas recientes. Como autora del texto, Luz Sandoval deseó externar un vistazo crítico, mas no impositivo, hacia las celebraciones patrias. Declaró en entrevista:
-Lo escribí como una antigrita y fue evolucionando hasta la obra que hoy reestrenamos. Se trata de invitar a las personas a mirar de forma distinta aquello a lo que todos los años nos referimos como “una nación libre e independiente”. a pesar de lo que se vive en el día a día.
Consecuencias neoliberales, conflictivas migraciones, trata y explotación de personas habían formado parte de su inspiración. Al finalizar la función, Mauricio Garmona se mostró satisfecho no sólo como director sino como profesor, ante el acercamiento de sus alumnos al trabajo técnico y su oportuna presencia como público.
-También invité a profesores del Instituto de Educación Media Superior. Porque, además, es una obra muy didáctica para el pensamiento crítico—señaló al final de la función-Y es deseable contar con profesores porque lo pueden sumar al material de apoyo para recomendar a sus alumnos. ¡No para obligarlos ni hacerlos pagar!
-Y es que venderles boletos para que vayan a fuerza o para pasar la materia es, incluso, antipedagógico para los alumnos. ¡Los vacunas contra el teatro!-, añadió Luz Sandoval, abonando a la iniciativa docente y estudiantil para consolidar el carácter didáctico del teatro.
-No podemos pretender que una obra va a cambiar al mundo ni al país, ni podemos hostigar a quienes celebran orgullosamente la mexicanidad porque incluso yo la disfruto—puntualizó Mauricio-. Pero siempre que podamos dejar un granito de arena para brindar simplemente una perspectiva más, va a ser muy bueno.
A las 21:00 se fue el público. Los camerinos cerraron a las 22:00 para el oscuro absoluto y la producción se retiró, agendado su regreso para los próximos martes del mes y la recepción de nuevas voces. La función del 10 de marzo, señaló Mauricio, demostró el impacto del estreno.
-Se ve que se corrió la voz entre estudiantes y se ve que llegaron por la escuela. También llegó más gente adulta—declaró Mauricio-. Tuvimos un poquito más de público. Vamos a ver cómo nos va en la siguiente función.
Por Edgar Hernández



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