La Ciudad de México es el lugar de las marchas en este país. A diario, hay un reporte de movilizaciones que te dan un mapa de quién, dónde y por qué causa van a marchar y suele compartirse en grupos de whatsapp. Las más emblemáticas son las marchas del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, que desde 2018 ha cobrado cada vez más importancia. Una de las más esperadas del año es la marcha del orgullo LGBTQI+, que se vuelve un desfile cuerpos, sudor, vestuarios de ensueño y arcoíris con música y se organiza en junio. La emblemática marcha del 2 de octubre, bajo el lema “No se olvida”, hacia la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, por la matanza de estudiantes en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz es la marcha a la que todo estudiante puede sentirse motivado a asistir. También están las movilizaciones que cada día 26 hacen las familias de los 43 normalistas de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, que fueron víctimas de desaparición forzada en septiembre de 2014.
Motivos sobran para gritar en las calles buscando despertar conciencias, pero ¿por qué marchan los emos?
El sábado 15 de marzo, personas que se identifican o simpatizan con la subcultura emo salieron a las calles de la Ciudad de México y marcharon desde la explanada del Palacio de Bellas Artes hasta la Glorieta de los Insurgentes, a pleno sol de las 2 de la tarde y una sensación térmica de ¿por qué me vine de negro? alrededor de 200 personas participaron.
¿Y por qué? Para Andrés, de 18 años, es la primera marcha a la que asiste y fue acompañado por Gaby, también de 18. Dice que fue para probar algo nuevo y “ver cómo estaba esto”.
Cuando André y Gaby tenían un año de edad, el movimiento emo tuvo su clímax en la Ciudad de México. Después de algunos años de sufrir bullying y violencia física en las calles, decidieron reivindicar su estilo de vivir y la identidad que estaban adoptando y manifestarse.
“La cita era a las 3 de la tarde en la glorieta de Insurgentes…” es la frase con la que empieza la crónica de la reportera de TV Azteca que documentó esa manifestación, la antesala de la épica batalla de “emos vs punks”, que confrontó a dos expresiones en las juventudes urbanas de la CDMX y el Estado de México en 2008.
La victoria moral fue para los emos, mientras que los que se decían punks fueron vistos como machistas, agresivos y acosadores porque decían que los emos eran una copia de otros estilos adoptados de tribus urbanas que existían desde antes. ¿Y…?. El efecto fue que los grupos violentos le bajaron a su intensidad cuando autoridades y madres y familias de los emos intervinieron en esos encuentros. Pero los emos, poco a poco, fueron desapareciendo de la escena urbana.
El sábado pasado, salieron los hijos de esos emos, los hermanos menores, los que estaban chiquitos, los que quieren saber cómo fue ese día.
Alexis, de 20 años, se considera de la subcultura gótica. Viste jeans negros, con cadenas colgando de sus caderas, playera negra, extensiones de rastas hasta la cadera, protegidas por un paliacate pegado al cráneo, trae una máscara de gases colgando del cuello y unos googles como personaje de Guillermo del Toro. Usa pupilentes blancos y sólo se le ve un puntito negro en medio de los ojos.
“Yo me crié con toda mi familia con todo este rollo de las subculturas alternativas: emos, metaleros, góticos. Y yo me fui criando a base de todo eso, es algo que ya traigo desde hace tiempo”, cuenta.
Su amigo Gabriel, también de 20, usa el pelo largo, delineador negro en los ojos y ropa negra. Él dice que apenas se inició a los 15 años y que le gusta la diversidad.
¿Qué gritan los emos?
Hay un elemento que no puede faltar en toda marcha y eso es las consignas, los gritos de protesta o de exclamación o reivindicación.
“¡Arriba los emos! ¡Emos!, ¡emos!, !emos!” Pero también cantan y luego vuelven a gritar “¡Emos!, ¡emos!, !emos!”, seguidos por risas de emoción o de nervios.
En una marcha de emos y de emos y de emos tan jóvenes, cuando el sol comienza a cobrar factura, no faltan los gritos ocurrentes: “¡Arriba la sombra! ¡Sombra!, ¡sombra!, ¡sombra!”, "¡arriba Juan Gabriel!" Y hasta se oye la frase “¡Arriba ‘La rosa de Guadalupe’!”, ese programa de televisión abierta que tiene un capítulo hilarante que raya en lo ridículo, sobre un joven rechazado por su familia porque es un emo.
El éxtasis de esta marcha no fue el rechazo ni la amenaza de violencia, fue la toma de la Glorieta de los Insurgentes, poco después de las 3 de la tarde, y sentir que estaban en un lugar seguro, cantar con libertad las rolas que les gustan y mostrar sus atuendos, sus caracterizaciones y decir lo que pensaban.
Los emos marchan con paraguas
Después de cubrir decenas de marcha en esta ciudad nunca había visto tantos paraguas por manifestante en una marcha. Sí, en la marcha de los emos, había una lluvia de paraguas, negros, de cuadritos, de colores. La medida se entiende. Hacía una temperatura de 30 grados Celsius con una sensación térmica de 34 en el asfalto.
La mayoría de los jóvenes iba prevenida con un paraguas para amainar el impacto del sol en sus cabezas y ropas negras.
Emos, la nueva generación
Selene tiene 31 años, sus cejas, pestañas y su fleco son de color naranja, está vestida de negro y fue a la marcha emo con sus dos hijitas y su hermana.
“Venimos un ratito, les cuento la historia de ese tiempo cuando vine y ahora, por segunda vez, venimos”, cuenta. Ella tenía 15 años cuando la atrapó la música y el estilo. Recuerda que también le hacían bullying porque además tenían la fama de depresivos, pero dice que otros no.
Su hermana tiene cejas, pestañas, flequillo rojo y un toque del mismo color en la punta de la nariz. Ella dice que hace 15 años estaba muy chica, pero le gusta que ahora hay más respeto por otras formas de expresión.
“Ahora existe un respeto porque todos tenemos estilos diferentes y gustos y está bien que ahora haya un respeto de por medio porque antes era más como un tabú porque te vestías raro”, dice la joven que luce el tatuaje en forma de un arácnido en el pecho.
Blake es un perrito emo que un joven diseñó y usó en forma de botarga, con sus orejas peludas, grandes ojos miel, un flequillo negro combinado con color rosa y unas patitas peludas en las manos. “Toda la idea del personaje es que es un perrito emo”. Todo lo diseñó en el tianguis del Chopo, el lugar emblemático de las tribus urbanas de la CDMX.
Blake dice que lo que más le gusta de los emos es la música, que tiene un toque pesado, pero que no le quita importancia a las letras con mensajes que considera que le pueden ayudar como persona.
Liliana tiene 52 años y también fue a la marcha emo, pero no tanto por ella sino por su hija de 14 años, que desde los 9 siente atracción por esta forma de expresión o estilo de vida, como algunos lo llaman. Es la primera marcha de su hija y decidió acompañarla porque “hay situaciones que luego no se vuelven a presentar y a ella le llama la atención y quiero que tenga experiencias, que lo vea de cerca, que no le platiquen, que ella tenga la vivencia, la experiencia”. Liliana no fue la única mamá, hubo varias acompañando a jóvenes para asegurarse de que iban a estar bien y de que se trataba de una marcha pacífica.
Rubén, de 28 años, se sintió en familia. Llevaba un sombrero de charro con la palabra “EMOSTXLGIX” mientras sotenía un carton negro con dos “happy faces” entrelazadas, con cruces en vez de ojos y una boca curvada.
“Son ya más niños, ya no son de mi generación, a mí ya me duele la rodilla, pero me encanta que, al final, todos conectan. Creo que la mejor forma de describirlo es cuando ponen un piano, tocan una nota, y de la nada todo mundo entiende que es la canción de ‘Welcome to the Black Parade’, de My Chemical Romance porque al final es un himno”, dice nostálgico.
Traté de encontrar un consenso sobre qué son los emos. Unos dijeron que es una subcultura, otros, que es una forma de expresión, hubo quien dijo que es una forma de vida. Por la sinergia que se proyectó en la Glorieta de Insurgentes, parece que es un sentimiento en común, unido por la música de una época, y la valentía de mostrarse al mundo en la lucha incesante de entender las emociones y descubrir tu verdadera esencia.
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