A 14 años de la muerte de la artista Rita Guerrero, que colocó a la banda Santa Sabina en el olimpo del rock mexicano, la Cineteca Nacional proyectó “Rita. El documental”, dirigido por Arturo Díaz Santana (México, 2018).
En una noche fresca, todavía, bajo la luz de una luna que se aproxima a la plenitud, cientos de personas acudieron a la cita en memoria de una artista que no encaja en una etiqueta, porque cantaba, actuaba, componía, dirigía, brillaba, y sí, era intensa.
Rita Guerrero, nacida en Guadalajara en 1964, fue la hija menor de seis hermanos de una familia con raíces en Zacatecas. Su padre era músico y le inculcó a sus hijos el gusto por este arte. Rita fue la estrella del coro de la iglesia luciendo sus caireles y calcetas blancas cuando era una niña pequeña, pero cuando cobró su autonomía, las medias negras de malla, el pelo ondulado al natural y el maquillaje gótico fueron parte del estilo que sedujo a su audiencia por muchos años.
En la presentación de este documental, los protagonistas del nacimiento de la banda de rock Santa Sabina dieron una breve clase de historia a los que aún no nacían en los años 90. El director de teatro David Hevia habló de la adaptación de la obra de teatro América, de Franza Kafka, la cual montó en el sótano de la Facultad de Arquitectura, con un grupo de jóvenes que creían otro futuro posible en un México harto del régimen priista. Alfonso Figueroa, bajista de Santa Sabina, recordó que él estaba entre unos jóvenes recién salidos de la secundaria y otros estudiando a nivel profesional en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM. Entre ellos, estaba Rita, estudiando teatro a nivel profesional. La génesis de la banda fue un teatro avant garde que vería materializados sus sueños revolucionarios de tomar el zócalo para dar un concierto de rock.
De esa experiencia artística surgieron algunas de las letras de las canciones de la banda Santa Sabina. Adoptaron ese nombre por María Sabina, médica oaxaqueña conocedora del poder de la curación a través de las plantas.
Más que una cantante prodigiosa y una artista con tablas escénicas, Rita Guerrero, debería ser “guerrera”, es descrita como una chamana por sus compañeros de banda, porque le tenía respeto al escenario y para ella cada concierto cobraba el nivel de un ritual.
El documental de Díaz dibuja una Rita de cuerpo completo, la pequeña de la familia, la joven rebelde que se va de la casa, la rockera que paralizó a todos con su presencia en el escenario, el efecto hipnótico de su voz para una audiencia que no sabía de qué planeta había caído y la mujer madura que tiene un hijo y padece un cáncer de mama que le cobra la vida a los 46 años.
El bajista Alfonso Figueroa dio un amplio contexto de la génesis de la banda y agradeció al director por realizar el documental.
“Como decía Rita era: quien venga a un concierto de Santa Sabina, su vida tiene que ser un antes y un después. Para nosotros, a la enseñanza de los teatreros, nos enseñaron que el escenario es un santuario donde podemos liberar nuestra alma y la maestra Rita, con el tiempo, se ha convertido en esta maestra. Obviamente, tuvo que morir joven porque se consumió como la estrella que era”, expresó Figueroa.
También estuvo presente Hevia, quien hizo posible el encuentro entre ese grupo de jóvenes que amaban el escenario y la música. “En ese entonces sí nos queríamos morir, pero no sin dar la lucha. (…) Estoy muy contento de que tantas personas jóvenes que nada que ver, pareciera que nada que ver, Me llena de fuerza y de esperanza y hasta la victoria siempre, compañeros”.
¿Cómo surgió ‘Rita, el documental’?
El director Arturo Díaz Santana fue un día a la Cineteca a ver un documental sobre la vida del músico británico-jamaiquino Bob Marley y al salir, se quedó con la sensación de que Rita Guerrero debía tener un documental así. “Una película como esa merece Rita, una película hecha bien y que le haga justicia a su obra”, comentó a Explora CDMX
Le tomó cinco años hacerlo, tuvo apoyos de varias instancias y logró llevarlo a cabo.
“Una película es un buen medio para que nuevas generaciones capten estas ondas, la juventud es algo que no tiene tiempo, los jóvenes van a ser jóvenes en el pasado y en el futuro y esa energía que tenía Rita de ser libre, de hacer lo que tengas que hacer, de hacer lo que te apasione, pues claro que tiene que ver con los jóvenes”, expresó al salir de la función.
Rita no cabe en una palabra
La cineasta Leticia Venzor ve a Rita como una mujer sumamente generosa porque su creatividad nunca tuvo límites, como tampoco los tuvo para amar, proteger, cuidar y eso era recíproco con sus amistades.
Venzor se refiera a Rita en tiempo presente porque considera que su legado no se desdibuja.
“Volver a ver esta película tiene muchos significados muy importantes para las nuevas juventudes, que sientan cómo nos sentíamos, creo que ahí es donde se estremecen los vínculos y es donde Rita vuelve a estar viva”, expresó a Explora CDMX.
“Rita fue una artista de vanguardia, que siempre estaba mirando más allá de nuestro tiempo. Por eso es que no podía parar. Una artista en toda la extensión de la palabra. Podemos decir multidisciplinaria, pero es una palabra muy pequeña, creo que va muchísimo más allá porque es su propia vida”, compartió la directora de cine.
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Antes de la proyección, personal del Hospital de Xoco invitó a hombres y mujeres a realizarse una autoexploración de mamas y a acudir al centro de salud en caso de requerir atención.
Todos parecían cómodos echados sobre el pastito del Foro al Aire Libre de la Cineteca Nacional, a pesar de los moscos y de que la proyección parecía que iba a durar menos de dos horas, pero la introducción y los retrasos prolongaron el inicio. La salida fue minutos antes de las 22:00 horas.
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