Casa Lupita, donde se arregla el tiempo

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Lilia Rivera12
11 de septiembre 2024
  • Lupita aprendió el oficio de relojera desde los 10 años. Imagen de Lilia Rivera

Quien se asome en Casa Lupita, en la planta baja de Palma 12, Centro Histórico, verá cajones y cajoncitos, relojes de todos tamaños y estilos, aparadores, la mesa de relojero... Se trata de una relojería que abrieron los papás de Lupita Villuendas en 1968, originalmente en Palma 6, primer piso, cuando ella apenas tenía 10 años.

Lupita aprendió el oficio de relojera desde entonces; su destino era quedarse en casa, pero se aburría y su papá les enseñó a ella y a sus hermanos a trasladarse a la relojería desde la escuela, en la colonia Guadalupe Tepeyac.

En ese tiempo “había muchísimo trabajo y mucha gente; se atendía en seis mostradores, uno más bajito de lo normal”, que era el de Lupita.

'A mí me gusta el movimiento'

Desde entonces, Lupita se dedica a la relojería. “Llegaban los relojeros por refacciones o me traían sus relojes para cambio de mica. Luego, me quedé a cargo de los pedidos foráneos, pero llegó un momento en que su papá la llevó a dar el siguiente paso.

–Tienes que aprender a trabajar la relojería, –recuerda que le dijo.

No, pa, a mí me gusta el movimiento.

–No, hija, tienes que aprender porque un día yo ya no voy a estar y te vas a tener que dejar ayudar por algún relojero, y si no sabes, te van a ver la cara, –fue la última palabra de Don Manuelito.

Y ante las circunstancias, Lupita se convirtió en relojera bajo la batuta de su papá, don Manuelito Villuendas, que aprendió el oficio cuando era niño, en plena época post revolucionaria. “En 1928, 1929, su profesor de primaria vio que era tan inteligente, que quería que siguiera estudiando", dice Lupita.

–Permítame hacerme cargo de Manuelito, va a llegar un a ser un excelente profesional, –le dijo a su abuelo. Pero éste se negó.

–No, ya no puede estudiar, tiene que trabajar para ayudar a la casa.

Fue entonces cuando el abuelo le preguntó a su papá con quién prefería ir, si con el zapatero o el relojero.

Y mi papá dijo: "mejor relojero”.

Cuando Manuelito tenía 17 años, rentó un despacho en Palma 9 y puso su relojería. Le iba tan bien, que invitó a tres amigos del mismo ramo y se unieron.

“En ese tiempo un alemán, dueño de una fornituaria1 de las más grandes (de la Ciudad), invitó a mi papá a trabajar con él", recuerda Lupita. Pero su papá se negó a estar sujeto a un sueldo por la obligación de sostener a su familia.

–¿Cuánto necesita para salir adelante en sus gastos?, –le insistió el alemán y al conocer su respuesta, le ofreció el doble.

Así fue como dejó el negocio a sus amigos y se llevó su mesa de relojero con el alemán; con quien trabajó 24 años, relata.

Pero el alemán murió y en 1968 su padre enfermó gravemente. Después de salir de la crisis de salud presentó su renuncia para dedicarse a su familia y a él, así que sus papás "vendieron todo lo vendible para poner el negocio”.

El 28 de julio de 1968 vio la luz la casa Manuel Villuendas, en el número 6 de Palma, primer piso. “Comenzó llamándose como mi papá, y al tiempo, Casa Lupita”, actualmente en Palma 12.

Don Manuelito también puso una relojería a cada uno de sus hijos varones. “A mí, me casó", acota Lupita, "pero no dejé de trabajar, sólo me retiré un poquito".

Cada que Lupita llegaba de trabajar, su papá le preguntaba "¿cómo te fue?, ¿qué hiciste?, ¿qué pudiste?, ¿qué no pudiste?".

Luego le pedía que todos los días le llevara las notas de lo que vendía para que aprendiera a reponer la mercancía. Él veía la nota, iba apuntando todos los artículos y le ayudaba a hacer su lista de previsiones para que nunca se quedara sin mercancía.

Cuando la hija mayor de Lupita tenía un año 5 meses, le dio un infarto a su papá y su mamá y su hermana mayor le ayudaron a cuidarla para que ella se hiciera cargo del negocio.

El reto mayor

En el tiempo que Lupita lleva de relojera, su mayor reto ha sido reparar un reloj de 1640, hecho todo de madera y piedras.

También recuerda un reloj alemán, de platinas de madera con ruedas de metal, que traía una descripción de 1737 en la dedicatoria. "Nos tardamos como seis meses en restaurarlo, pero respetamos su originalidad", dice con orgullo.

A la entrada de su negocio hay un reloj de piso, cuyos dueños batallaron por cuatro años para encontrar quién lo arreglara, pero no supieron trabajar con él causándole algunos daños.

Cuando Lupita logró arreglarlo, le envió un video a la dueña en el momento en que sonaba la campana del reloj al dar la hora.

La mujer le agradeció sensiblemente y le dijo: "recuerdo cómo sonaba con su campana, tan hermoso, en casa de mis abuelos".

Lupita remata: “Ver funcionar un reloj me emociona y lo disfruto mucho, así sea un reloj de pulso, de pared, me encanta”.


1 De fornitura: Conjunto de las piezas de repuesto de un reloj o de otro mecanismo de precisión

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Escrito por Lilia Rivera

Comunicadora y archivóloga azul y oro; comenzó reporteando en las unidades habitacionales y ahora lo hace recorriendo las calles del Centro de la Ciudad de México y sus alrededores. Ama a los gatos y está convencida de que en su otra vida fue uno.

IG: limarife


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