Cuando llegué a Ciudad de México, a los 15 años, vivía en constante asombro. Me mudé para estudiar en la Prepa 1 de la UNAM y todo me sorprendía. No podía creer que la ciudad fuera tan grande y diversa.
En esa escuela, en Xochimilco, tuve una maestra que, cada cierto tiempo, nos dejaba como tarea visitar algún museo o ir a ver una obra de teatro. Eso me abrió una ventana a la “infinita” oferta cultural de la capital.
Recuerdo pasar días con mis amigas en Palacio Nacional, en el Castillo de Chapultepec y en el Monumento a la Revolución, siempre interesada en qué más podía aprender. Pronto, se me hizo un hábito recorrer más museos, probar comida chilanga y explorar.
Sin embargo, cuando crecí y comencé a trabajar, esos días se desvanecieron poco a poco. Como miles de personas en esta metrópoli, cada vez tenía menos tiempo libre. Pasaba casi tres horas diarias en el transporte público para llegar a mi trabajo y otras 8 horas trabajando. Al llegar a casa, solamente quería descansar y rápidamente llegaba de nuevo la rutina.
Dejé de explorar. Me abrumaba enfrentarme otra vez al tráfico o a las horas pico.
Después de la pandemia, tuve que irme de Ciudad de México un año. Hasta que estuve lejos, volví a mirar la ciudad con “ojos de turista”. Si venía un fin de semana, no perdía la oportunidad de probar unos nuevos tacos o visitar un nuevo lugar.
Cuando regresé a vivir a CDMX, me prometí no ignorarla más. Por supuesto, hay días pesados en los que es impensable querer salir de mi casa. Pero también regreso a los lugares que visité hace más de una década y vuelvo a fascinarme.
Ahora la Ciudad de México está en la cima de los rankings de destinos internacionales para visitar. Ha sido nombrada la Mejor Ciudad Cultural del Mundo por la revista Time Out y está presente en múltiples guías gastronómicas y turísticas.
Para mí, explorar la Ciudad de México va más allá de esas listas. Quiero redescubrirla para conocer más del lugar que habito: su historia, cultura, gente y experiencias.
Como habitantes, no hay nada mejor que apropiarnos de los espacios: Disfrutar de esos bailes en la Alameda Central, pasar una tarde en el Parque Ecológico de Xochimilco o todo un día en el Museo de Antropología.
Ante las múltiples facetas de la realidad que vivimos, tenemos derecho a disfrutar y redescubrir nuestra ciudad día a día; no para cumplir con una lista de atracciones, sino porque es nuestro hogar y el lugar donde hacemos vida y memoria.
El contenido de este texto es responsabilidad de la persona autora.
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